¿Emigrantes o exiliados? Parte 2

Firma: Usamat Hamud

Foto tomada de Mario Pentón

Repito la pregunta: ¿emigrantes o exiliados?

Los que en esos tiempos se iban de Cuba por cualquiera de las vías tenían prohibida la entrada al país, ni de visita. Lo de las visitas vino mucho tiempo después.

Un día, para alegría de muchas familias, llegó el glorioso permiso de que sus familiares pudieran entrar de visita al país. El proceso llevaba rumba: los permisos.

De nuevo los permisos. Venga entonces a solicitar el de entrada, que a muchos se lo negaban, incluso hasta el día de hoy.

Para que se nos aceptara la entrada teníamos que saldar algunas cuentas,  gastos exorbitantes por actualización de pasaportes, por cuotas mensuales del tiempo que llevábamos afuera, etc etc. Aún así y a pesar de llevar todo el proceso a rajatabla Cuba siempre se abrogaba el derecho de negar o aprobar la entrada. ¿Eso pasa con los emigrantes de cualquier otro país del mundo libre?

De nuevo pregunto ¿qué somos, emigrantes o exiliados?.

Quiero también mencionar a tantos infelices cuyo único modo de fuga es el riesgo. El de decir adiós- o ni atreverse a decirlo- con el pánico de que les explote una mina en su rumbo impreciso hacia la base naval de Guantánamo, les maten a tiros dentro o fuera del mar o les hundan con un proyectil la chalupita o la precaria embarcación en el estrecho de la Florida. Si alguien logra una determinada salida vía aérea con destino a Dios sabe dónde corre el riesgo de que le detengan  en cualquier aeropuerto internacional.

Todo premeditado de manera malvada sólo para frustrar la dolorosa ilusión de escapar, cambiar de vida, tener sueños y luchar por ellos. Vivir o morir. Pero HUIR. ¿Eso es emigrar?

Si tú, cubano que vives en el extranjero te consideras un emigrante normal como otro cualquiera, sólo por razones económicas es que no te has enterado ni de la mitad de la misa. Los cubanos no emigramos. Los cubanos huimos. Los cubanos escapamos.

Los cubanos no somos emigrantes, somos exiliados. Y aunque algunos incautos no lo vean así, los ejemplos hablan por sí solos. Hay testimonio.

Nunca ha habido respeto por parte del estado cubano hacia las personas que haciendo uso de nuestros derechos decidíamos irnos de Cuba.

Escoria. Apátrida. Gusano. Vende patria. Traidor. Esos eran los «elogios», digo, los más benignos.

Ignoro si las generosidades de los Castro- Díazcaneles han variado algunas cosas en favor de  los que se quieren ir.

(Pensarán «mejor que se vayan, que no jodan más y que manden dólares o euros para que nosotros los mayimbes podamos seguir en la gozadera).

También ignoro si los nuevos huyentes huyen conservando algunos de los pocos derechos y garantías ciudadanas. Ni siquiera preciso cuales son esos derechos y esas garantías

Oigo que ahora no obligan a entregar propiedades. Eso ya me parece bastante. A mí sí me obligaron. No sólo la casa. Todo. Hasta el viejo ventilador ruso zurcido con alambre que regalé a mi vecina tuve que entregarlo para poder salir. ¿Se puede ser más miserable?

Es que no hay » derechos» ni «garantías » para quienes no les bailen el mambo al rey. Ni pa´ nadie porque hasta entre ellos se matan cuando toca.

Haciendo historia para los más jóvenes quiero decirles (porque no lo saben) que aquellos primeros cubanos que se fueron salieron con lo puesto. Sin maletas ni maletines, sin despedidas y después de haber entregado al gobierno todas sus propiedades y pertenencias constadas en un inventario previo a la salida. Ni su ropa. Ni su dinero. Ni sus joyas. Ni siquiera sus fotografías ni sus recuerdos familiares. Eso era parte del castigo. Había que entregarlo todo para obtener, al más puro estilo esclavista, la Carta de Libertad.

Veinte años después, en 1979 la necesidad de moneda fuerte los volvió » generosos «. Por primera vez Cuba admite la entrada de la Comunidad Cubana en el exterior. La llegada de los nuevos visitantes cargados de maletas llenas de cosas lindas y necesarias logró que cayeran definitivamente las vendas de los ojos cubanos y la locura de casi todos, ahora más que nunca de continuar huyendo.

¿Qué hemos sido nosotros, los de entonces (hasta el año 2000) emigrantes o exiliados?

Me alegra saber que buena cantidad de cubanos hayan podido salir por la puerta ancha, bien vestidos y con equipaje, pero sepan que este tipo de salida también lleva su marañismo. » salgo de visita y me quedo » » salgo a una misión y no me ven más la cara» » me invitan, pero no regreso» » me voy pa´ donde sea y voy sorteando fronteras «.

No es empeño de quien escribe, es solo para invitar al ejercicio de pensar. ¿Son, somos emigrantes o exiliados?

Yo – disculpen que sea tan seguida – repito y repetiré una y otra vez la misma pregunta: ¿qué son, qué somos ¿emigrantes o exiliados?

¿Y qué me dicen de las últimas variantes: la travesía, el parole? Ha habido y hay muchas otras para escapar, pero me resulta imposible abarcarlas todas en un artículo que intenta no ser tedioso.

Cada salida, cada huida tiene su propia historia personal. Algunos ni la cuentan. Afortunadamente las cosas ahora no es que sean fáciles, nunca lo han sido, pero sí menos difíciles. No por bondad sino por asfixia.

Por estas y tantas otras razones nosotros los de entonces no nos consideramos emigrantes sino exiliados. Ustedes, jóvenes de dentro y de fuera de Cuba ¿cómo nos ven? ¿cómo emigrantes o como exiliados?Lo más probable es que ni siquiera se lo cuestionen. Para la mayoría lo importante es HUIR. ¿Destino? Da igual. España Estados Unidos, Haití, Burundi. Estados Unidos y España han sido los destinos preferentes.

Cumplido el sueño de la salida comienza la pesadilla de la llegada. No es fácil para casi nadie. Es triste para casi todos. Entre emigrar o exiliarse se produce un binomio de controvertidos contrastes.

Los que llegan con el miedo en el tuétano prefieren llamarse emigrantes – le quita ruido al compromiso político-. Pero el régimen cubano a día de hoy prefiere decir emigrantes, aunque en el fondo de su perversión nos (y les) seguirá considerando exiliados. A los de entonces y a los de ahora nos une la misma certeza: no hay vuelta atrás. Cuba es la crónica de un sueño destrozado.

Cada cubano sabe su calvario y carga su cruz. Pocas cosas cambian en Cuba, pero por fortuna los que continúan huyendo, a pesar de los muchos riesgos y la misma incertidumbre, les espera mucho más que a los primeros. Familia, amigos, refugios, centros de acogida y el ejemplo y la experiencia de los que han ido alante abriendo caminos.

Caminos que se abren, lugares de acogida, muestras de cercanía. Así, entre abrazos y bienvenidas nace COBIJO.

COBIJO surge en Madrid por iniciativa del sacerdote camagüeyano Bladimir Navarro Lorenzo. Un proyecto de acogida patrocinado por este buen cura y su equipo que no pregunta a nadie si es emigrante o exiliado, sino que con dulces y sinceras palabras dice: «Cubano que huyes ¿en qué te puedo ayudar? » «¿en qué podemos servirte a ti que podrás olvidarlo todo menos el día que tuviste el valor de decir adiós sin mirar atrás?

Invito a todos a conocer y a acercarse a COBIJO.

¿Cómo? Visitando la Parroquia de Santa María de la Esperanza en Alcobendas y compartiendo la fe con una comunidad católica dispuesta a poner su granito de amor para que todo cubano recién llegado encuentre techo, comida y un hombro en el que llorar esas inevitables y desgarradoras lágrimas de la lejanía.

Como un árbol que se arraiga en la tierra se arraiga en los recién llegados corazones COBIJO. Gracias Padre Bladimir. Gracias equipo. Gracias Dios mío.

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